Corría el verano del año 2002 cuando conocí a un grupo de ecuatorianos, solo hombres, veinte para ser exacto. Trabajaban en el campo, faenas agrícolas como nunca lo había visto antes, a la voz de “AR”. Eran militares, un pelotón, del Ejército de Ecuador, que, sargento incluido, venían España a hacer la campaña de la fruta de verano, unos pocos días menos que los noventa que tiene de duración el visado de turista.
Hacían este viaje, para trabajar de forma indocumentada, porque decían que en esos días, entre setenta y ochenta, de trabajo a destajo, de sol a sol, ganaban casi tres veces su sueldo de militar de todo un año, de entonces, en Ecuador. Por lo que les compensaba el viaje y la estancia, para ir consiguiendo unos ahorros, y llevaban, me comentaron, varios años ya haciéndolo.
El sargento del pelotón, un hombre fornido, no muy alto, mestizo, de cabeza rapada y piernas encorvadas como si toda la vida hubiera estado montando caballo, un día que estaba comiendo con ellos, me dijo “¿Sabe usted cuál es la mayor desgracia de América? Haberse separado de la madre patria. Y mucho cuidado -dijo mirando al resto de sus compañeros-, que a patriota no me gana nadie. Pero con España éramos cuatro regiones grandes, y ahora diecinueve países, algunos muy chiquitos, y vendidos a los gringos. ¿Se ha fijado usted en que Ecuador, Colombia y Venezuela tenemos la misma bandera? Pues colombianos y venezolanos con capaces de matarse en una discusión sobre donde se inventaron las arepas. Yo he jurado, como todos ellos -señaló a sus hombres-, dar hasta mi última gota de sangre por la patria, pero nuestra mayor desgracia es no seguir siendo España”. Aquel hombre no bebía, decía que hacerse evangélico le había sacado de los vicios, es decir, tenía la mente clara cuando comentaba aquello, y “sus hombres” no ponían objeciones.
Las palabras de este sargento del Ejército de Ecuador también me dieron mucho en que pensar, para tiempo...
Mostrando entradas con la etiqueta origenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta origenes. Mostrar todas las entradas
lunes, 9 de agosto de 2021
jueves, 17 de junio de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey VI: El “indio” de Argentina
En una ocasión, bueno más bien fueron varias veces, estuve con un camionero argentino, alto, moreno, de rasgos duros y de habla argentina pero sin el deje típico porteño, mucho más neutro. Al cabo de varios días le pregunté porque siendo argentino no tenía acento de allí, y me respondió que el país era muy grande y no en todas la provincias se hablaba igual, como en España, que yo estaba acostumbrado a oír hablar a os de Buenos Aires.
Siguió añadiendo que él era de una provincia llamada Neuquén. La primera ver que oí esa palabra. Uno de los territorios donde habitaban los mapuches, los indios autóctonos de Argentina y Chile, y él era mapuche. Fue evidente mi desconocimiento de su existencia.
Al cabo de unos días la conversación continuó, estaba interesado en explicarme quienes eran los mapuches. En ese intento, me comentó que cuando Argentina era española, los indios eran dueños de sus tierras, había leyes que los protegían y regulaban sus relaciones con el resto de los habitantes de la región no nativos. Pero cuando el país fue independiente la situación cambio, y para los mapuches el hecho de vivir se convirtió en una pesadilla.
Tanto en Chile como en Argentina, desde medios del siglo XIX, los sucesivos gobiernos estuvieron en guerra con su pueblo, con la intención de exterminarlo “nos mataban como a alimañas”, se lamentó. Lo que no había ocurrido en los trescientos años anteriores, pasó en los últimos treinta del siglo pasado, el XIX se refería. “Ustedes los abandonaron y ellos los mataron para quitarles sus tierras”.
“Ahora no llaman “los pueblos originarios”, recalcó, y hasta hay quienes de dejan los cabellos largos, hasta más allá de los hombros, para parecerse a “los originarios”, en nuestro honor dicen, como señal de respeto”, decía no muy conforme con las palabras que salían de su boca. “Mala conciencia por sus crímenes”, añadió, y me preguntó “¿Sabes que son “las guerras del desierto”? Allá todo el mundo lo sabe pero nadie habla de ellas, son tabú”.
Aquel fue mi primer contacto con un mapuche, la primera ver que oí eso de la “guerra del desierto”, después supe quien fue, entre otros, Julio Argentino Roca, tuve tiempo para pensar y documentarme al respecto...
Siguió añadiendo que él era de una provincia llamada Neuquén. La primera ver que oí esa palabra. Uno de los territorios donde habitaban los mapuches, los indios autóctonos de Argentina y Chile, y él era mapuche. Fue evidente mi desconocimiento de su existencia.
Al cabo de unos días la conversación continuó, estaba interesado en explicarme quienes eran los mapuches. En ese intento, me comentó que cuando Argentina era española, los indios eran dueños de sus tierras, había leyes que los protegían y regulaban sus relaciones con el resto de los habitantes de la región no nativos. Pero cuando el país fue independiente la situación cambio, y para los mapuches el hecho de vivir se convirtió en una pesadilla.
Tanto en Chile como en Argentina, desde medios del siglo XIX, los sucesivos gobiernos estuvieron en guerra con su pueblo, con la intención de exterminarlo “nos mataban como a alimañas”, se lamentó. Lo que no había ocurrido en los trescientos años anteriores, pasó en los últimos treinta del siglo pasado, el XIX se refería. “Ustedes los abandonaron y ellos los mataron para quitarles sus tierras”.
“Ahora no llaman “los pueblos originarios”, recalcó, y hasta hay quienes de dejan los cabellos largos, hasta más allá de los hombros, para parecerse a “los originarios”, en nuestro honor dicen, como señal de respeto”, decía no muy conforme con las palabras que salían de su boca. “Mala conciencia por sus crímenes”, añadió, y me preguntó “¿Sabes que son “las guerras del desierto”? Allá todo el mundo lo sabe pero nadie habla de ellas, son tabú”.
Aquel fue mi primer contacto con un mapuche, la primera ver que oí eso de la “guerra del desierto”, después supe quien fue, entre otros, Julio Argentino Roca, tuve tiempo para pensar y documentarme al respecto...
viernes, 15 de enero de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey III: Los jornaleros de Bolivia
Durante un tiempo, y por circunstancias que no vienen a cuento, tuve la oportunidad de tener relación con una cuadrilla de jornaleros bolivianos que trabajaban en los campos de Murcia. Me llamó a la atención lo educados y buen trato que tenían, no ya conmigo sino entre ellos mismo, casi reverencia, casi ceremonial, casi japonés… modales exquisitos, habla exquisita…
El caso, que estuve varios días con ellos, tanto cuando trabajaban como en los momentos de descanso, y en las comidas medio día, a la sombra de algún árbol grande o en alguna construcción de la finca. Un día, durante la comida, parte de los hablaban en español y otros lo hacían aimara.
Uno de los que estaban hablando en aquella lengua nativa, se dirigió a mí y me dijo: “¿Sabe por qué estamos aquí tan lejos de nuestra tierra y nuestras familias?”. Le respondí que suponía que por la situación económica y social de su país, que les hacia rentable venir a España a trabajar. La respuesta que me dio aun me pone hoy los pelos de punta. Dijo “Porque ustedes nos abandonaron”. ¿Cómo que les abandonamos? Fue mi respuesta. A lo que él prosiguió, con el visto bueno de los demás, “...en nuestros pueblos viejitos cuentan que les contaron sus abuelos, y a estos los suyos, que cuando los hombres de rey estaban allí, los indios teníamos derechos y había leyes que nos protegían, pero cuando se marcharon nos quitaron nuestras tierras, y desde entonces en nuestros pueblos se malvive y las ciudades no somos bien vistos”.
Este comentario me hizo darle vueltas a la cabeza...
El caso, que estuve varios días con ellos, tanto cuando trabajaban como en los momentos de descanso, y en las comidas medio día, a la sombra de algún árbol grande o en alguna construcción de la finca. Un día, durante la comida, parte de los hablaban en español y otros lo hacían aimara.
Uno de los que estaban hablando en aquella lengua nativa, se dirigió a mí y me dijo: “¿Sabe por qué estamos aquí tan lejos de nuestra tierra y nuestras familias?”. Le respondí que suponía que por la situación económica y social de su país, que les hacia rentable venir a España a trabajar. La respuesta que me dio aun me pone hoy los pelos de punta. Dijo “Porque ustedes nos abandonaron”. ¿Cómo que les abandonamos? Fue mi respuesta. A lo que él prosiguió, con el visto bueno de los demás, “...en nuestros pueblos viejitos cuentan que les contaron sus abuelos, y a estos los suyos, que cuando los hombres de rey estaban allí, los indios teníamos derechos y había leyes que nos protegían, pero cuando se marcharon nos quitaron nuestras tierras, y desde entonces en nuestros pueblos se malvive y las ciudades no somos bien vistos”.
Este comentario me hizo darle vueltas a la cabeza...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)