En una ocasión, bueno más bien fueron varias veces, estuve con un camionero argentino, alto, moreno, de rasgos duros y de habla argentina pero sin el deje típico porteño, mucho más neutro. Al cabo de varios días le pregunté porque siendo argentino no tenía acento de allí, y me respondió que el país era muy grande y no en todas la provincias se hablaba igual, como en España, que yo estaba acostumbrado a oír hablar a os de Buenos Aires.
Siguió añadiendo que él era de una provincia llamada Neuquén. La primera ver que oí esa palabra. Uno de los territorios donde habitaban los mapuches, los indios autóctonos de Argentina y Chile, y él era mapuche. Fue evidente mi desconocimiento de su existencia.
Al cabo de unos días la conversación continuó, estaba interesado en explicarme quienes eran los mapuches. En ese intento, me comentó que cuando Argentina era española, los indios eran dueños de sus tierras, había leyes que los protegían y regulaban sus relaciones con el resto de los habitantes de la región no nativos. Pero cuando el país fue independiente la situación cambio, y para los mapuches el hecho de vivir se convirtió en una pesadilla.
Tanto en Chile como en Argentina, desde medios del siglo XIX, los sucesivos gobiernos estuvieron en guerra con su pueblo, con la intención de exterminarlo “nos mataban como a alimañas”, se lamentó. Lo que no había ocurrido en los trescientos años anteriores, pasó en los últimos treinta del siglo pasado, el XIX se refería. “Ustedes los abandonaron y ellos los mataron para quitarles sus tierras”.
“Ahora no llaman “los pueblos originarios”, recalcó, y hasta hay quienes de dejan los cabellos largos, hasta más allá de los hombros, para parecerse a “los originarios”, en nuestro honor dicen, como señal de respeto”, decía no muy conforme con las palabras que salían de su boca. “Mala conciencia por sus crímenes”, añadió, y me preguntó “¿Sabes que son “las guerras del desierto”? Allá todo el mundo lo sabe pero nadie habla de ellas, son tabú”.
Aquel fue mi primer contacto con un mapuche, la primera ver que oí eso de la “guerra del desierto”, después supe quien fue, entre otros, Julio Argentino Roca, tuve tiempo para pensar y documentarme al respecto...
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jueves, 17 de junio de 2021
miércoles, 10 de marzo de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey IV: El turista argentino
Otro personaje pintoresco que tuvo su influencia en el desarrollo de esta historia, fue un turista argentino con el que conversé, hace ya un tiempo, por tierras del norte de Castilla y León. Era un tipo con pasta, con educación (de libros, de la otra poca). Alto, rubio y de ojos claros. Con cierto recelo o resquemor…
Hablando con él, llegó un punto en que me soltó que los españoles habíamos ido a Argentina a matar a sus pueblos originarios, primero, y después, junto con los “tanos”, solo a llevar miseria. En ese momento no sabía quiénes eran los “tanos”, pues supe que era una forma, en algunos ambientes despectiva, de referirse a los emigrantes italianos.
La conversación siguió, y lo “simpático” vino después. Aquel tipo era nieto emigrantes bálticos, o como dirían los rusos “Pribáltika”, en concreto de Lituania, que habían marchado para allá antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Originario total.
De nuevo tuve material para pensar...
Hablando con él, llegó un punto en que me soltó que los españoles habíamos ido a Argentina a matar a sus pueblos originarios, primero, y después, junto con los “tanos”, solo a llevar miseria. En ese momento no sabía quiénes eran los “tanos”, pues supe que era una forma, en algunos ambientes despectiva, de referirse a los emigrantes italianos.
La conversación siguió, y lo “simpático” vino después. Aquel tipo era nieto emigrantes bálticos, o como dirían los rusos “Pribáltika”, en concreto de Lituania, que habían marchado para allá antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Originario total.
De nuevo tuve material para pensar...
lunes, 23 de noviembre de 2020
Los orígenes de El Hombre del Rey II: La emigrante chilena
En una ocasión, hace tiempo, cuando trabaja en un centro de selección de personal, al que asistía bastante población emigrante de América. Tuve que entrevista a una señora procedente de Chile. La entrevista estuvo a punto de termina de una forma abrupta, pues le pregunte si era de Argentina. Por aquel entonces no distinguía el acento de argentino del chileno. Desde aquel día, ya sí.
Aquella señora, no sé que le habrían hecho en Argentina, con el hablar tan particular que tienen, que parece que empieza como la del otro lado de las montañas, pero que rompe la musicalidad de forma brusca, como si cortan las palabra con los dientes, me disparó una sarta de improperios irrepetible, aunque, eso sí, se me quedó gravada una frase: “¡Ustedes mataron a nuestros pueblos originarios!”.
“Nuestros pueblos originarios”, eso me resultó muy curioso, ya que aquella señora, que tenía dos apellidos, ninguno de ellos aparentaba ser de origen indígena. Uno era francés, y otro no sabría decir de donde pero centro europeo, de Alemania, Dinamarca, Holanda… vamos que la señora era descendiente de algún lonco mapuche.
Estos también me hicieron pensar...
Aquella señora, no sé que le habrían hecho en Argentina, con el hablar tan particular que tienen, que parece que empieza como la del otro lado de las montañas, pero que rompe la musicalidad de forma brusca, como si cortan las palabra con los dientes, me disparó una sarta de improperios irrepetible, aunque, eso sí, se me quedó gravada una frase: “¡Ustedes mataron a nuestros pueblos originarios!”.
“Nuestros pueblos originarios”, eso me resultó muy curioso, ya que aquella señora, que tenía dos apellidos, ninguno de ellos aparentaba ser de origen indígena. Uno era francés, y otro no sabría decir de donde pero centro europeo, de Alemania, Dinamarca, Holanda… vamos que la señora era descendiente de algún lonco mapuche.
Estos también me hicieron pensar...
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