Lo ya contado no tuvo en un único momento o en un periodo de tiempo breve, todo lo contrario, fueron comentarios, anécdotas, conversaciones que se dieron entre 1993 y 2011. Una constante a lo largo de 18 años, en distintos lugares, en diversas situaciones, con varias personas muy diferentes… algunos de esos comentarios quedaron en la memoria como si hubieran sido grabados a fuego, de otros quedaron en notas manuscritas para evitar su alteración por el tiempo.
Aunque, en un principio, nunca fue el objetivo de esas conversaciones, y su recuerdo, el escribir una novela. Después, algún día, no se sabe bien porqué, la causa o el motivo, pero una idea comienza a rondar por la cabeza. A darle vueltas y más vueltas. Un rumrum que no va. Que trae frases, que forma personajes, que pronuncia nombres, que busca lugares…
El 2 de julio de 2016 comenzó a tomar forma con el tableteo sobre un viejo teclado mecánico IBM KB-7953, horas, días, semanas, meses, re-escrituras, lectores “beta”, opiniones, hasta que quedó terminado. ¿Cuándo? Es la última frase después del punto y final.
...ya sabes el origen de El Hombre del Rey, espero que te guste.
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sábado, 11 de septiembre de 2021
lunes, 9 de agosto de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey VII: El pelotón ecuatoriano
Corría el verano del año 2002 cuando conocí a un grupo de ecuatorianos, solo hombres, veinte para ser exacto. Trabajaban en el campo, faenas agrícolas como nunca lo había visto antes, a la voz de “AR”. Eran militares, un pelotón, del Ejército de Ecuador, que, sargento incluido, venían España a hacer la campaña de la fruta de verano, unos pocos días menos que los noventa que tiene de duración el visado de turista.
Hacían este viaje, para trabajar de forma indocumentada, porque decían que en esos días, entre setenta y ochenta, de trabajo a destajo, de sol a sol, ganaban casi tres veces su sueldo de militar de todo un año, de entonces, en Ecuador. Por lo que les compensaba el viaje y la estancia, para ir consiguiendo unos ahorros, y llevaban, me comentaron, varios años ya haciéndolo.
El sargento del pelotón, un hombre fornido, no muy alto, mestizo, de cabeza rapada y piernas encorvadas como si toda la vida hubiera estado montando caballo, un día que estaba comiendo con ellos, me dijo “¿Sabe usted cuál es la mayor desgracia de América? Haberse separado de la madre patria. Y mucho cuidado -dijo mirando al resto de sus compañeros-, que a patriota no me gana nadie. Pero con España éramos cuatro regiones grandes, y ahora diecinueve países, algunos muy chiquitos, y vendidos a los gringos. ¿Se ha fijado usted en que Ecuador, Colombia y Venezuela tenemos la misma bandera? Pues colombianos y venezolanos con capaces de matarse en una discusión sobre donde se inventaron las arepas. Yo he jurado, como todos ellos -señaló a sus hombres-, dar hasta mi última gota de sangre por la patria, pero nuestra mayor desgracia es no seguir siendo España”. Aquel hombre no bebía, decía que hacerse evangélico le había sacado de los vicios, es decir, tenía la mente clara cuando comentaba aquello, y “sus hombres” no ponían objeciones.
Las palabras de este sargento del Ejército de Ecuador también me dieron mucho en que pensar, para tiempo...
Hacían este viaje, para trabajar de forma indocumentada, porque decían que en esos días, entre setenta y ochenta, de trabajo a destajo, de sol a sol, ganaban casi tres veces su sueldo de militar de todo un año, de entonces, en Ecuador. Por lo que les compensaba el viaje y la estancia, para ir consiguiendo unos ahorros, y llevaban, me comentaron, varios años ya haciéndolo.
El sargento del pelotón, un hombre fornido, no muy alto, mestizo, de cabeza rapada y piernas encorvadas como si toda la vida hubiera estado montando caballo, un día que estaba comiendo con ellos, me dijo “¿Sabe usted cuál es la mayor desgracia de América? Haberse separado de la madre patria. Y mucho cuidado -dijo mirando al resto de sus compañeros-, que a patriota no me gana nadie. Pero con España éramos cuatro regiones grandes, y ahora diecinueve países, algunos muy chiquitos, y vendidos a los gringos. ¿Se ha fijado usted en que Ecuador, Colombia y Venezuela tenemos la misma bandera? Pues colombianos y venezolanos con capaces de matarse en una discusión sobre donde se inventaron las arepas. Yo he jurado, como todos ellos -señaló a sus hombres-, dar hasta mi última gota de sangre por la patria, pero nuestra mayor desgracia es no seguir siendo España”. Aquel hombre no bebía, decía que hacerse evangélico le había sacado de los vicios, es decir, tenía la mente clara cuando comentaba aquello, y “sus hombres” no ponían objeciones.
Las palabras de este sargento del Ejército de Ecuador también me dieron mucho en que pensar, para tiempo...
jueves, 17 de junio de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey VI: El “indio” de Argentina
En una ocasión, bueno más bien fueron varias veces, estuve con un camionero argentino, alto, moreno, de rasgos duros y de habla argentina pero sin el deje típico porteño, mucho más neutro. Al cabo de varios días le pregunté porque siendo argentino no tenía acento de allí, y me respondió que el país era muy grande y no en todas la provincias se hablaba igual, como en España, que yo estaba acostumbrado a oír hablar a os de Buenos Aires.
Siguió añadiendo que él era de una provincia llamada Neuquén. La primera ver que oí esa palabra. Uno de los territorios donde habitaban los mapuches, los indios autóctonos de Argentina y Chile, y él era mapuche. Fue evidente mi desconocimiento de su existencia.
Al cabo de unos días la conversación continuó, estaba interesado en explicarme quienes eran los mapuches. En ese intento, me comentó que cuando Argentina era española, los indios eran dueños de sus tierras, había leyes que los protegían y regulaban sus relaciones con el resto de los habitantes de la región no nativos. Pero cuando el país fue independiente la situación cambio, y para los mapuches el hecho de vivir se convirtió en una pesadilla.
Tanto en Chile como en Argentina, desde medios del siglo XIX, los sucesivos gobiernos estuvieron en guerra con su pueblo, con la intención de exterminarlo “nos mataban como a alimañas”, se lamentó. Lo que no había ocurrido en los trescientos años anteriores, pasó en los últimos treinta del siglo pasado, el XIX se refería. “Ustedes los abandonaron y ellos los mataron para quitarles sus tierras”.
“Ahora no llaman “los pueblos originarios”, recalcó, y hasta hay quienes de dejan los cabellos largos, hasta más allá de los hombros, para parecerse a “los originarios”, en nuestro honor dicen, como señal de respeto”, decía no muy conforme con las palabras que salían de su boca. “Mala conciencia por sus crímenes”, añadió, y me preguntó “¿Sabes que son “las guerras del desierto”? Allá todo el mundo lo sabe pero nadie habla de ellas, son tabú”.
Aquel fue mi primer contacto con un mapuche, la primera ver que oí eso de la “guerra del desierto”, después supe quien fue, entre otros, Julio Argentino Roca, tuve tiempo para pensar y documentarme al respecto...
Siguió añadiendo que él era de una provincia llamada Neuquén. La primera ver que oí esa palabra. Uno de los territorios donde habitaban los mapuches, los indios autóctonos de Argentina y Chile, y él era mapuche. Fue evidente mi desconocimiento de su existencia.
Al cabo de unos días la conversación continuó, estaba interesado en explicarme quienes eran los mapuches. En ese intento, me comentó que cuando Argentina era española, los indios eran dueños de sus tierras, había leyes que los protegían y regulaban sus relaciones con el resto de los habitantes de la región no nativos. Pero cuando el país fue independiente la situación cambio, y para los mapuches el hecho de vivir se convirtió en una pesadilla.
Tanto en Chile como en Argentina, desde medios del siglo XIX, los sucesivos gobiernos estuvieron en guerra con su pueblo, con la intención de exterminarlo “nos mataban como a alimañas”, se lamentó. Lo que no había ocurrido en los trescientos años anteriores, pasó en los últimos treinta del siglo pasado, el XIX se refería. “Ustedes los abandonaron y ellos los mataron para quitarles sus tierras”.
“Ahora no llaman “los pueblos originarios”, recalcó, y hasta hay quienes de dejan los cabellos largos, hasta más allá de los hombros, para parecerse a “los originarios”, en nuestro honor dicen, como señal de respeto”, decía no muy conforme con las palabras que salían de su boca. “Mala conciencia por sus crímenes”, añadió, y me preguntó “¿Sabes que son “las guerras del desierto”? Allá todo el mundo lo sabe pero nadie habla de ellas, son tabú”.
Aquel fue mi primer contacto con un mapuche, la primera ver que oí eso de la “guerra del desierto”, después supe quien fue, entre otros, Julio Argentino Roca, tuve tiempo para pensar y documentarme al respecto...
martes, 27 de abril de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey V: La comerciante del Perú
En un vuelo que en uno de sus extremos tenía el aeropuerto de Madrid-Barajas, me tocó en el asiento de al lado una señora peruana. Tenía un comercio en Lima, textil, y estaba de viaje comercial para comprar género.
Entre las muchas cosas que hablamos, hasta que las horas hicieron mella, y en ese caso lo mejor que se puede hacer en un avión es ser cordial con Morfeo. Me dijo “...la mayor desgracia que ha tenido el Perú, es que los ingleses se robaran la Hacienda de Lima. Bueno, más bien se la regalaron”. En ese momento no sabía de lo que me estaba hablando, y siguió “No sé que es peor, si que los caciques se vuelvan patriotas, o que los patriotas se vuelvan caciques. ¿Conoce usted la Constitución de 1812? Entonces Las Américas éramos España”, digo con lo que parecía resignación en su voz. No había leído por entonces ese texto, pero ella no esperó mi respuesta, reclinó un poco el asiento y se giró para la ventanilla.
...Las Américas éramos España, en los días siguientes leí ese texto, y tuve mucho para pensar...
Entre las muchas cosas que hablamos, hasta que las horas hicieron mella, y en ese caso lo mejor que se puede hacer en un avión es ser cordial con Morfeo. Me dijo “...la mayor desgracia que ha tenido el Perú, es que los ingleses se robaran la Hacienda de Lima. Bueno, más bien se la regalaron”. En ese momento no sabía de lo que me estaba hablando, y siguió “No sé que es peor, si que los caciques se vuelvan patriotas, o que los patriotas se vuelvan caciques. ¿Conoce usted la Constitución de 1812? Entonces Las Américas éramos España”, digo con lo que parecía resignación en su voz. No había leído por entonces ese texto, pero ella no esperó mi respuesta, reclinó un poco el asiento y se giró para la ventanilla.
...Las Américas éramos España, en los días siguientes leí ese texto, y tuve mucho para pensar...
miércoles, 10 de marzo de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey IV: El turista argentino
Otro personaje pintoresco que tuvo su influencia en el desarrollo de esta historia, fue un turista argentino con el que conversé, hace ya un tiempo, por tierras del norte de Castilla y León. Era un tipo con pasta, con educación (de libros, de la otra poca). Alto, rubio y de ojos claros. Con cierto recelo o resquemor…
Hablando con él, llegó un punto en que me soltó que los españoles habíamos ido a Argentina a matar a sus pueblos originarios, primero, y después, junto con los “tanos”, solo a llevar miseria. En ese momento no sabía quiénes eran los “tanos”, pues supe que era una forma, en algunos ambientes despectiva, de referirse a los emigrantes italianos.
La conversación siguió, y lo “simpático” vino después. Aquel tipo era nieto emigrantes bálticos, o como dirían los rusos “Pribáltika”, en concreto de Lituania, que habían marchado para allá antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Originario total.
De nuevo tuve material para pensar...
Hablando con él, llegó un punto en que me soltó que los españoles habíamos ido a Argentina a matar a sus pueblos originarios, primero, y después, junto con los “tanos”, solo a llevar miseria. En ese momento no sabía quiénes eran los “tanos”, pues supe que era una forma, en algunos ambientes despectiva, de referirse a los emigrantes italianos.
La conversación siguió, y lo “simpático” vino después. Aquel tipo era nieto emigrantes bálticos, o como dirían los rusos “Pribáltika”, en concreto de Lituania, que habían marchado para allá antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Originario total.
De nuevo tuve material para pensar...
viernes, 15 de enero de 2021
Los orígenes de El Hombre del Rey III: Los jornaleros de Bolivia
Durante un tiempo, y por circunstancias que no vienen a cuento, tuve la oportunidad de tener relación con una cuadrilla de jornaleros bolivianos que trabajaban en los campos de Murcia. Me llamó a la atención lo educados y buen trato que tenían, no ya conmigo sino entre ellos mismo, casi reverencia, casi ceremonial, casi japonés… modales exquisitos, habla exquisita…
El caso, que estuve varios días con ellos, tanto cuando trabajaban como en los momentos de descanso, y en las comidas medio día, a la sombra de algún árbol grande o en alguna construcción de la finca. Un día, durante la comida, parte de los hablaban en español y otros lo hacían aimara.
Uno de los que estaban hablando en aquella lengua nativa, se dirigió a mí y me dijo: “¿Sabe por qué estamos aquí tan lejos de nuestra tierra y nuestras familias?”. Le respondí que suponía que por la situación económica y social de su país, que les hacia rentable venir a España a trabajar. La respuesta que me dio aun me pone hoy los pelos de punta. Dijo “Porque ustedes nos abandonaron”. ¿Cómo que les abandonamos? Fue mi respuesta. A lo que él prosiguió, con el visto bueno de los demás, “...en nuestros pueblos viejitos cuentan que les contaron sus abuelos, y a estos los suyos, que cuando los hombres de rey estaban allí, los indios teníamos derechos y había leyes que nos protegían, pero cuando se marcharon nos quitaron nuestras tierras, y desde entonces en nuestros pueblos se malvive y las ciudades no somos bien vistos”.
Este comentario me hizo darle vueltas a la cabeza...
El caso, que estuve varios días con ellos, tanto cuando trabajaban como en los momentos de descanso, y en las comidas medio día, a la sombra de algún árbol grande o en alguna construcción de la finca. Un día, durante la comida, parte de los hablaban en español y otros lo hacían aimara.
Uno de los que estaban hablando en aquella lengua nativa, se dirigió a mí y me dijo: “¿Sabe por qué estamos aquí tan lejos de nuestra tierra y nuestras familias?”. Le respondí que suponía que por la situación económica y social de su país, que les hacia rentable venir a España a trabajar. La respuesta que me dio aun me pone hoy los pelos de punta. Dijo “Porque ustedes nos abandonaron”. ¿Cómo que les abandonamos? Fue mi respuesta. A lo que él prosiguió, con el visto bueno de los demás, “...en nuestros pueblos viejitos cuentan que les contaron sus abuelos, y a estos los suyos, que cuando los hombres de rey estaban allí, los indios teníamos derechos y había leyes que nos protegían, pero cuando se marcharon nos quitaron nuestras tierras, y desde entonces en nuestros pueblos se malvive y las ciudades no somos bien vistos”.
Este comentario me hizo darle vueltas a la cabeza...
lunes, 23 de noviembre de 2020
Los orígenes de El Hombre del Rey II: La emigrante chilena
En una ocasión, hace tiempo, cuando trabaja en un centro de selección de personal, al que asistía bastante población emigrante de América. Tuve que entrevista a una señora procedente de Chile. La entrevista estuvo a punto de termina de una forma abrupta, pues le pregunte si era de Argentina. Por aquel entonces no distinguía el acento de argentino del chileno. Desde aquel día, ya sí.
Aquella señora, no sé que le habrían hecho en Argentina, con el hablar tan particular que tienen, que parece que empieza como la del otro lado de las montañas, pero que rompe la musicalidad de forma brusca, como si cortan las palabra con los dientes, me disparó una sarta de improperios irrepetible, aunque, eso sí, se me quedó gravada una frase: “¡Ustedes mataron a nuestros pueblos originarios!”.
“Nuestros pueblos originarios”, eso me resultó muy curioso, ya que aquella señora, que tenía dos apellidos, ninguno de ellos aparentaba ser de origen indígena. Uno era francés, y otro no sabría decir de donde pero centro europeo, de Alemania, Dinamarca, Holanda… vamos que la señora era descendiente de algún lonco mapuche.
Estos también me hicieron pensar...
Aquella señora, no sé que le habrían hecho en Argentina, con el hablar tan particular que tienen, que parece que empieza como la del otro lado de las montañas, pero que rompe la musicalidad de forma brusca, como si cortan las palabra con los dientes, me disparó una sarta de improperios irrepetible, aunque, eso sí, se me quedó gravada una frase: “¡Ustedes mataron a nuestros pueblos originarios!”.
“Nuestros pueblos originarios”, eso me resultó muy curioso, ya que aquella señora, que tenía dos apellidos, ninguno de ellos aparentaba ser de origen indígena. Uno era francés, y otro no sabría decir de donde pero centro europeo, de Alemania, Dinamarca, Holanda… vamos que la señora era descendiente de algún lonco mapuche.
Estos también me hicieron pensar...
sábado, 12 de septiembre de 2020
Los orígenes de El Hombre del Rey I: El ciudadano de Uruguay
Hace tiempo, tiempo antes de escribir esta historia, tuve contacto con alguna gente Uruguay, por diversas circunstancias que no vienen al caso. Cuando se habla con gente de otros lugares, pues como es normal, se habla de muchas cosas y de todo en general, para saber.
En los diversos temas de conversación que fueron saliendo, estuvo en la población nativa, pues me llamó a la atención su “relación” o más bien “no-relación”, hacia la gente proveniente de Ecuador o Perú, por ejemplo.
En el marco de esa “no-relación”, este señor me dijo: “En Uruguay no tenemos, sus reyes les regalaron tierras a esos salvajes, en lugar de matarlos. Nosotros terminamos el trabajo que ustedes no hicieron”.
Este comentario me dio en que pensar, y mucho...
En los diversos temas de conversación que fueron saliendo, estuvo en la población nativa, pues me llamó a la atención su “relación” o más bien “no-relación”, hacia la gente proveniente de Ecuador o Perú, por ejemplo.
En el marco de esa “no-relación”, este señor me dijo: “En Uruguay no tenemos, sus reyes les regalaron tierras a esos salvajes, en lugar de matarlos. Nosotros terminamos el trabajo que ustedes no hicieron”.
Este comentario me dio en que pensar, y mucho...
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