miércoles, 10 de marzo de 2021

Los orígenes de El Hombre del Rey IV: El turista argentino

Otro personaje pintoresco que tuvo su influencia en el desarrollo de esta historia, fue un turista argentino con el que conversé, hace ya un tiempo, por tierras del norte de Castilla y León. Era un tipo con pasta, con educación (de libros, de la otra poca). Alto, rubio y de ojos claros. Con cierto recelo o resquemor…

Hablando con él, llegó un punto en que me soltó que los españoles habíamos ido a Argentina a matar a sus pueblos originarios, primero, y después, junto con los “tanos”, solo a llevar miseria. En ese momento no sabía quiénes eran los “tanos”, pues supe que era una forma, en algunos ambientes despectiva, de referirse a los emigrantes italianos.

La conversación siguió, y lo “simpático” vino después. Aquel tipo era nieto emigrantes bálticos, o como dirían los rusos “Pribáltika”, en concreto de Lituania, que habían marchado para allá antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Originario total.

De nuevo tuve material para pensar...



viernes, 15 de enero de 2021

Los orígenes de El Hombre del Rey III: Los jornaleros de Bolivia

Durante un tiempo, y por circunstancias que no vienen a cuento, tuve la oportunidad de tener relación con una cuadrilla de jornaleros bolivianos que trabajaban en los campos de Murcia. Me llamó a la atención lo educados y buen trato que tenían, no ya conmigo sino entre ellos mismo, casi reverencia, casi ceremonial, casi japonés… modales exquisitos, habla exquisita…

El caso, que estuve varios días con ellos, tanto cuando trabajaban como en los momentos de descanso, y en las comidas medio día, a la sombra de algún árbol grande o en alguna construcción de la finca. Un día, durante la comida, parte de los hablaban en español y otros lo hacían aimara.

Uno de los que estaban hablando en aquella lengua nativa, se dirigió a mí y me dijo: “¿Sabe por qué estamos aquí tan lejos de nuestra tierra y nuestras familias?”. Le respondí que suponía que por la situación económica y social de su país, que les hacia rentable venir a España a trabajar. La respuesta que me dio aun me pone hoy los pelos de punta. Dijo “Porque ustedes nos abandonaron”. ¿Cómo que les abandonamos? Fue mi respuesta. A lo que él prosiguió, con el visto bueno de los demás, “...en nuestros pueblos viejitos cuentan que les contaron sus abuelos, y a estos los suyos, que cuando los hombres de rey estaban allí, los indios teníamos derechos y había leyes que nos protegían, pero cuando se marcharon nos quitaron nuestras tierras, y desde entonces en nuestros pueblos se malvive y las ciudades no somos bien vistos”.

Este comentario me hizo darle vueltas a la cabeza...



viernes, 8 de enero de 2021

Mis 3 primeros libros de lectura (y III)

...terminado esta historia, con el tercero de los que fueron, son y serán, mis 3 primeros libros de lectura:

El primero de los primeros tres libros.
El segundo de los primeros tres libros.


La Vuelta al Mundo en Ochenta Días de Julio Verne

De esta novela también se puede decir poco ¿quién no lo ha leído, o visto en una película, o en dibujos animados, o en cómic, o en dibujos animados con bichos…? Sí, con bichos “Soy Willy Fog apostador, que se juega con honor la vuelta al mundo, aventurero y gran señor...”. Lo dicho, que voy a pasar del ilustre Verne y voy a comentar cómo conocí su libro.

En esta ocasión andaba ya por tercero de EGB, y parecía que la técnica de “un libro por año”, que se habían propuesto en la escuela, no iba a fallar. Hasta ese momento “Quo vadis?” en primero, e “Ivanhoe” en segundo. Pero algo cambió. No sé si fue el viento, el nuevo director de la escuela, los maestros, el Ministerio, o lo que fue. Lo cierto y verdad es que, pese a no haberle pegado fuego, nunca nos dejaron volver a entrar en la Biblioteca, salvo causa disciplinaria, hasta séptimo. Ahí es nada.

¿...y entonces como llegó a mis manos “La Vuelta al Mundo en Ochenta Días”? Pues resulta que, en la escuela pasaron una lista de libros a la librería-papelería del pueblo, a nosotros también nos dieron una copia hecha en la multicopista, con lo que no le faltaban los clásicos manchurrones con los que esos artefactos firmaban su trabajo. Así que de clase a casa, y de ésta a la librería, que lo mandaba el maestro.

Una vez en ella, resultó que todos los libros formaban parte de una misma colección, “Colección de Historias Selección” de Editorial Bruguera. Tapa dura de color beige, ilustrada con llamativas escenas de lo que se suponía iba a ocurrir en su interior. El mío con unos indios del salvaje oeste persiguiendo a un humeante caballo de hierro. Para colmo, bajo el colorido dibujo ponía en letras bien grandes “Edición Ilustrada”. Es decir, ¡¡¡este sí llevaba dibujos!!!

Así pues, ni corto ni perezoso, me decanté por ese de los indios. Por aquel tiempo, sábado sí y sábado también, en “Sesión de Tarde” tocaba una de John Wayne, o de Henry Fonda, o de Errol Flynn, o de Stewart Granger, o de Alan Ladd… así que si en esas páginas había indios y pistoleros, no había nada más que ver ni pensar.

A la hora de la verdad, los dibujos no eran para tanto, pocos y en blanco y negro; su lectura no resultaba del todo pesada, aunque los indios tardaban en salir, y tardaron, y tardaron… llegó un momento en que salió alguno, pero el libro no iba de indios. ¡Mecachis! Pese a ello lo tuve que terminar, pues una vez comprado le tuvimos que decir al maestro cual era, había que hacer un resumen, y se nos harían algunas preguntas. El resultado de ese “tercer grado” era indiferente, no puntuaba, pero no leer el libro conllevaba suspender la asignatura de Lengua. Lo dicho, lo terminé.

A día de hoy sigue en su sitio, en la estantería, un poco desvencijado por el paso del tiempo, pero allí está, de ahí la descripción, en este caso tan acertada, no como en los otros.

...y por cierto, el siguiente libro que hojeé después de éste, aparte de los de la escuela, fue uno de instalación de líneas de alta tensión de, creo, editorial Marcombo, pero eso ya es otra historia.



lunes, 23 de noviembre de 2020

Los orígenes de El Hombre del Rey II: La emigrante chilena

En una ocasión, hace tiempo, cuando trabaja en un centro de selección de personal, al que asistía bastante población emigrante de América. Tuve que entrevista a una señora procedente de Chile. La entrevista estuvo a punto de termina de una forma abrupta, pues le pregunte si era de Argentina. Por aquel entonces no distinguía el acento de argentino del chileno. Desde aquel día, ya sí.

Aquella señora, no sé que le habrían hecho en Argentina, con el hablar tan particular que tienen, que parece que empieza como la del otro lado de las montañas, pero que rompe la musicalidad de forma brusca, como si cortan las palabra con los dientes, me disparó una sarta de improperios irrepetible, aunque, eso sí, se me quedó gravada una frase: “¡Ustedes mataron a nuestros pueblos originarios!”.

“Nuestros pueblos originarios”, eso me resultó muy curioso, ya que aquella señora, que tenía dos apellidos, ninguno de ellos aparentaba ser de origen indígena. Uno era francés, y otro no sabría decir de donde pero centro europeo, de Alemania, Dinamarca, Holanda… vamos que la señora era descendiente de algún lonco mapuche.

Estos también me hicieron pensar...



domingo, 11 de octubre de 2020

Cuándo los “libertadores” libraban a los indios de la tiranía española

El 31 de diciembre de 1917 la República Argentina dio por finalizada oficialmente la Conquista del Chaco, y con ella las guerras indias que comenzaron en 1833 con la campaña de Juan Manuel de Rosas. Aunque previamente se llevaron a cabo las Campañas de Martín Rodríguez en 1820, pero éstas, por la situación socio-política en que se encontraba el país no se pueden considerar guerras indias estrictamente. Culminado con la Guerra del Desierto, de 1878 a 1885, dirigida por Julio Argentino Roca, que directamente desarrolló una campaña de exterminio indígena.

Antecedentes: El Derecho de Indias

Durante el domino español, tanto en la actual Argentina como en el resto de territorios, y tras los choques iniciales, las autoridades españolas llegaron a diversos tratados con los nativos, por los que se regulaba su relación de estos con España y sus ciudadanos.

En el caso del Cono Sur, uno de los tratados más relevantes fueron las Paces de Quilín o Tratado de Biobío, aunque hubo muchos más, así tantos como tribus indias que opusieron resistencia entre los siglos XVII y XVIII.

Las leyes en las que se articulaban esos tratados, dentro del territorio español, para dar cobertura a los derechos y garantías que se habían acordado con los nativos, nunca fueron bien acogidas por los entonces criollos, que las abolieron en cuanto consiguieron la independencia.

Libertando a los indios del Cono Sur

A los indígenas básicamente les mataban en batalla o de hambre en proto-campos de concentración, cercados de alambre de espino en los que se les dejaba a la intemperie, fuera invierno o verano, sin apenas comida ni agua. También eran vendidos como esclavos a los hacendados y grandes terratenientes. De igual forma que ocurría en ese tiempo en EEUU, eran llevados a reservas en zonas muy alejadas de sus tierras originarias, en unas condiciones igualmente precarias. Se les hizo desfilar encadenados por las calles de las grandes ciudades, se destinó a las mujeres al servicio de las familias pudientes. Y los demás comportamientos, siempre encaminados a su eliminación física y en el menor de los casos a conseguir su sumisión.

Los indios fueron matados o trasladados para que sus tierras cayeran en manos de los mismos generales y coroneles que las conquistaban, y que las compraban al Estado a precio de saldo, también algunos políticos, para después venderlas sustancialmente más caras a ganaderos y latifundistas emigrados del centro y norte de Europa.

El choque con la leyenda negra española

La leyenda negra, básicamente una invención de ingleses, holandeses y franceses, tiene su vertiente en América con la conquista, que inicialmente pudo tener sus más y sus menos, pero no se puede considerar como la tónica habitual en el continente. A lo largo de más de trescientos años los indios continuaron allí, con su propia legislación, el llamado Derecho de Indias, una rama del Derecho específicamente español y que se desarrollaba en base a los distintos tratados realizados con los pueblos indígenas. Derecho y derechos que fueron abolidos tras las independencias.

La muestra más palpable de la falsedad de buena parte de la leyenda negra es que, en los territorios americanos desde río Grande/Bravo hasta Bolivia la población nativa llega en algunos países a superar el 50% del total. Como es el caso de lo que fue pleno imperio inca, donde se supone que Pizarro no dejó un indio vivo, aun habiendo recibido emigración, la población originaria en Bolivia es del 66%, en Perú del 51% y en Ecuador del 36%. En contraste con las naciones que llevaron a efecto campañas militares de exterminio indígena, en los que esta población quedó, y sigue a día de hoy, muy reducida, como Argentina con tan solo el 1%, en Chile el 5%, en Paraguay solo el 1,5% o Uruguay únicamente el 0,02%.

En América del Norte la cosa tampoco quedó bien parada, con la noble y épica conquista del oeste que forjó una nación, EEUU, contada miles de veces en los wéstern del cine y la televisión, o la “leyenda blanca” de Pocahontas y John Smith repartiendo paz y amor y bondad y convivencia y solidaridad y... En este país la población de nativos americanos es de solo 0,87%, y “liberaron” también a los nativos que durante el dominio español estaban asentados en California, Nuevo México, Texas, Arizona, Colorado y Nevada. En el caso particular de México, que perdió la mitad de su territorio a manos de EEUU, que tiene una población de entorno a una tercera parte de este último, y que ha recibido casi tanta emigración como aquel, y donde no estuvieron los humanitarios Custer ni Sheridan, por nombrar a dos grandes próceres de la bondad, si no el perverso y sanguinario Cortés, la población indígena, con una 5ª parte del territorio de su vecino, es del 22%. En Canadá a los civilizados británicos, que de forma previa, también evitaban a los indios la opresión española en la Costa Este, tampoco les tembló la mano, el 3% solo de la población del país.

Estos hechos tuvieron lugar, no en el siglo XV, ni en el siglo XVI con un choque de culturas, de mundos, de fanatismos o de epidemias por nuevas enfermedades, sino en la segunda mitad del siglo XIX, a partir de 1850, o incluso, entrado el siglo XX… Tal vez por eso, porque se temían lo que les iba a ocurrir, durante las guerras de independencia en Hispanoamérica los nativos originarios lucharon, principalmente, con los realistas y no con sus “libertadores”.

Cómo nace esta historia: El Hombre del Rey

Su origen está esencialmente en tres conversaciones con emigrantes en España de aquellos países.

Una persona procedente de Chile me comentó que nosotros (los españoles) habíamos matado a todos sus indígenas, y su relación con España más allá del desprecio era trabajar para poderse marchar de nuevo.

En el caso de un ciudadano de Montevideo, al preguntarle por qué no había indios en su país, me respondió “cuando ustedes se fueron los matamos a todos”.

Y la respuesta de un ciudadano argentino residente, entonces, en Santa Cruz de Tenerife, fue: "ustedes les regalaron tierras en lugar de matarlos, nosotros terminamos el trabajo que ustedes no hicieron". Que en boca del coronel Kreiber queda como “sus reyes les regalaron tierras en lugar de matarlos. Nosotros estamos terminando el trabajo que ustedes no hicieron”.

Hasta ese momento, el autor todavía tenía por referencia la “leyenda negra”, y estas respuestas dieron como resultado una curiosidad que conforme fue conociendo los hechos, a su vez comenzó a tomar forma en esta historia, con hache minúscula, que aquí concluye.



sábado, 12 de septiembre de 2020

Los orígenes de El Hombre del Rey I: El ciudadano de Uruguay

Hace tiempo, tiempo antes de escribir esta historia, tuve contacto con alguna gente Uruguay, por diversas circunstancias que no vienen al caso. Cuando se habla con gente de otros lugares, pues como es normal, se habla de muchas cosas y de todo en general, para saber.

En los diversos temas de conversación que fueron saliendo, estuvo en la población nativa, pues me llamó a la atención su “relación” o más bien “no-relación”, hacia la gente proveniente de Ecuador o Perú, por ejemplo.

En el marco de esa “no-relación”, este señor me dijo: “En Uruguay no tenemos, sus reyes les regalaron tierras a esos salvajes, en lugar de matarlos. Nosotros terminamos el trabajo que ustedes no hicieron”.

Este comentario me dio en que pensar, y mucho...



lunes, 16 de marzo de 2020

La ruca: la vivienda tradicional de los araucanos

La ruca era la vivienda tradicional de los araucanos, consistía en una construcción con estructura de madera, forrada con totara y con el techo de paja. Su diseño solía ser rectangular, aunque también la había redondas y cuadradas, y eran de un tamaño considerable, entre los 100 y los 250 metros cuadrados, distribuidos, de forma habitual, en un solo espacio. No disponía de ventanas, solo tenía una puerta siempre orientada al este, y en el centro de la techumbre contaba con un orificio para ayudar a su ventilación.

En cuanto a su distribución interior, esta era de una sola estancia, un único espacio, en cuyo centro, bajo el agujero del techo, se colocaba el hogar al modo de cocina, iluminación y calefacción. En algunos casos contaba con suelo de madera para no estar directamente sobre el terreno. También era habitual, cuando estaba compartida por varias familias, hacer aparados, a modo de habitaciones o cuartos, en su interior, para su uso excluso por cada unidad familiar.

Como construcción primitiva, arcaica, pese a no existir contacto cultural alguno, es básicamente igual que bomas africanas, o las pallozas de alguna zonas de Galicia, Asturias y León en España.

En El Hombre del Rey las rucas son una constante, ya los poblados aracanos en los que está Estaban cuenta con ellas; también en una ruca es donde se reúnen los jefes para tomar decisiones sobre él; o en caso particular de Ailin tiene su propio cuarto en la vivienda de su tío.


Nota: Imagen enlazada desde el artículo dedicado a la Ruca en Wikipedia.